50 años. Chacarita Campeón 1969. La revolución perfecta

«Marcamos una pequeña época, porque en ese momento primaba la destrucción y nosotros jugábamos sueltos, le dimos un aire de libertad a los hábiles, a los que creían en el fútbol como un juego«. En la frase de Ángel Marcos, el suntuoso capitán del Campeón Metropolitano de 1969, vive el legado más trascendente de ese equipo: transformar el triunfo en un valor cultural. Aquella victoria construida con la paciencia de un orfebre, y de sobremanera la forma de obtenerla, le permitieron a generaciones de chacaritenses adoptar como un dogma ferviente nuestra interpretación del juego y, tras ella, el significado de ganar.

Antes, después…
Ese Chacarita dejó en 1969 un mensaje que se puede comprender con lucidez ahora, 50 años después. En el origen de la victoria, estuvo el cosquilleo dorado de la década del cuarenta y la presunción de un quiebre histórico a mediano termino que anunció el Campeón de 1959. Todo ese paladar, sanguíneo, urgente, estalló en 1969, mediante la simetría entre la estética y la eficacia, determinando que el uso del balón como elemento comunicador, un formidable espíritu de cuerpo donde uno fue gracias a los otros y la reivindicación del pase como el gesto técnico más generoso del juego, conformaron nuestra identidad, surgida en una época futbolística cruzada por la supervivencia, la cual necesita de compromisos, claro, pero sin tomar ningún tipo de riesgos. Más bien, se fundamenta huyendo de ellos.

El juego
Entonces, Chacarita fue Campeón jugando un fútbol opuesto a la especie conservadora de su tiempo, la cual igualó a la trampa con la victoria (las Copas Libertadores de finales de esa década son un ejemplo ostensible), como si tuvieran el mismo significado social. Jugar como lo hizo Chacarita nos comprometió con principios suficientes para entender también la vida. Pues si se juega como se vive, el hecho cultural que se desprende del Campeón de 1969 ratifica que el fútbol es la única actividad que puede convertirse en la revolución perfecta, donde el juego se oponga a la crueldad, desmitificando la trampa y representando, en nuestro caso, la pertenencia que tenemos hacia el club, la cual nos permitió, en tramos crudos de su historia, hasta ser víctimas de nosotros mismos.
¡Salud, Campeones50 años después, nosotros somos ustedes.

Daniel Mancini.