Cambón, 70 años…

Ese individuo que ahora camina junto a su hijo entre los palcos de nuestro Estadio, es la precisa proyección de lo que fue. Delgado, fino, incisivo, siempre dueño de una ferviente apología de la estética. Es que así jugaba. Zurdo, elegante, vertical, sospechado de caricias en la parte interna de su botín izquierdo al definir, casi bailarín por la delicadeza de sus desplazamientos, Carlos fue crack por dos motivos: por su habilidad pero, sustancialmente, porque entendía el juego. Un ejemplo surge de como cabeceaba. De altura mediana y físico filoso, el secreto de Cambón radicaba en su salto y en la colocación del cuerpo en equilibrio de acuerdo a cómo le llegaba la pelota para luego, bien sustentado, usar el cuello y, por último, la cabeza.

La calle
Tuvo todo. La estirpe necesaria para tributar la camiseta del prototipo del jugador de fútbol, el pelo impecable y casi rubio, y la fama para trascender lo que sucedía en el campo de juego. Pero esa zurda que cuando parecía débil se transformaba en un puñal, siempre guardó la categoría indeleble de la calle, del barrio. Cierta vez, Ángel Marcos recordó que cuando el Chacarita sublime de fines de los sesenta jugaba con Independiente, donde sobraban los buenos jugadores aunque había varios que rugían, Carlos le acercaba la pelota con la marca del Polaco Semenewicz encima y le decía, “¿quiere la pelota, señor Marcos?”, a lo que Ángel respondía, “por supuesto, señor Cambón”, mientras el polaco y el chivo Pavoni, la estampilla de Marcos, pasaban de rugir a ladrar por la bronca, la impotencia y el papelón.

Confesión
Campeón con Chacarita y con Boca, 336 partidos en nuestro país con 87 goles, niño prodigio que rindió a Cataluña cuando Chacarita le ganó 2 a 0 al Bayern Múnich en la copa Joan Gamper de 1971 y fue codiciado por el Barsa, aquel de los 4 goles a River en su debut en Boca, el tipo que entendía tanto el juego que fue volante ofensivo o centro delantero sin rasgar un centímetro de la pureza de su técnica y de sus convicciones, dice cumplir 70 años y se ha transformado, con el paso del tiempo y el incremento entusiasta de la vulgaridad en el fútbol, en un compendio de estética aplicado a la eficacia. Eso fue Carlos.
Y, por último, una confesión. Nosotros, los de Chacarita, por pinta, calidad y fama, alguna vez, aunque sea sólo una, soñamos con ser Carlos María García Cambón.

Daniel Mancini.


Imagen de apertura.
Chacarita Juniors. Temporada 1968.

De Derecha a izquierda.
Ángel Marcos, Francisco Ferraro, Carlos María García Cambón, Leonardo Luis Recúpero, Oscar Amarilla.

 

 

 

 

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