CONCEPTO. SABER JUGAR…

Quizá tres elementos de análisis puedan fundirse en uno sólo, para desarrollar un concepto sobre el empate a uno de Chacarita en Tucumán. Pero antes, a modo de prólogo, valdrá advertir uno de los atributos más relevantes del entrenador: no es Coyette de aquellos individuos a los cuáles les gusta que un resultado les indique cómo tiene que pensar. Por eso, precisamente, el equipo tiene una idea de juego simple y trascendente y un Cuerpo Técnico que suele compensar a nuestra historia.

Primero, el comienzo
Las dudas desde el centro del campo hacia atrás que se advirtieron en una porción del primer tiempo, parecen observar lo más urgente entre las correcciones a las que refirió Coyette después el juego. Los dos centrales confiables, y esta vez atrasados, que tuvo Chacarita, juntos con ambos laterales, sintieron el temblor de soportar mano a mano el ataque de los volantes y los puntas adversarios. En otra forma, la falta de organización para retroceder de los mediocampistas, desportegió a los defensores y a Pedro Fernández, sumando la efectividad del equipo tucumano para emboscar con prudencia la salida de Chacarita.
Aquí cuenta un hecho que se debe comprender: el uso del piso desde el arquero hacia adelante para salir, con Re y Rosso como primeros escoltas y el volante central acercándose a ellos cuando no se puede generar superioridad númerica, no es un problema puntual ni siquiera una regresión.

Ese sistema, por demás benigno durante todo el segundo tiempo, obliga a una concentración general para ocupar las posiciones necesarias que, por ejecutarlo con irregularidades y distraciones, convirtió en vulnerable y debil el trabajo defensivo. Ese aspecto negativo le trasladó al juego una primera conclusión: el retardo para retroceder, junto a una acumulación defensiva de jugadores más voluntaria que organizada, le permitió al rival mostrarse con autoridad en un aspecto que, curiosamente, no lo identifica: el ataque.

Segundo, la primera virtud
Rápidamente surge que el buen uso de la pelota, aún en momentos críticos, fue una condición por demás decisiva.
El formidable gol de Mendoza (ahora sí un extremo (Coquito Rodríguez), interpretó y logró con su auxilio defensivo superiordad numérica para partir desde el fondo y condujo un ataque preciso, que cambió de banda y luego creó el tiempo necesario para la asistencia frontal, sumándole luego el rasgo admirable de la ejecución de Mendoza sobre el segundo palo de Luchetti), una posibilidad anterior de Gagliardi, después de un desplazamiento coreográfico, estético y ensayado que trajo el balón desde Fernández hacia adelante, más la salida que ofreció Imbert (posee una interpretación concluyente del sistema de juego), junto a la circulación general que anestesió el partido en el segundo tiempo para controlarlo, requieren de una segunda interpretación de lo sucedido: el el momento de mayor tensión del partido (por el desgaste del calor, la humedad y el esfuerzo), el dominio estratégico le correspondió a Chacarita.

Tercero, la mayor virtud
Bien, lo anterior significa que el encuentro se desarrolló en el espacio del campo que dispuso el equipo de Coyette. Obligar al adversario a jugar donde pretendemos es, concretamente, sostener una capacidad estratégica, que ayer demostró Chacarita, Ahora, ¿fue lento el equipo en el segundo tiempo, tras dominar la pelota y el espacio? Sería un error con creces siquiera suponerlo. La obligación colectiva consisitió en aplacar el juego para evitar un ida y vuelta, junto con transiciones limpias, en las cuales el equipo hubiera sufrido y, quizá, perdido el partido sin atenuantes.
Veamos que la fuerza del resultado reduce regularmente el sentido del riesgo y lleva a retroceder sin escrúpulos a la mayoría de los equipos argentinos que ganan o empatan parcialmente, para sostener lo conseguido. Pues, Chacarita obró con criterio inverso. Sí usó la pelota con sentido defensivo (tener la posesión en ciertos momentos no para atacar sino para evitar que lo haga el rival) y, cuando dispuso que sus volantes (especialmente a Mauro González, de excelente partido en el tiempo en el que ingresó), se muevan con libertad por detrás de los mediocampistas adversarios, tuvo las posiblidades necesarias para ganar el encuentro (Gagliardi, Coquito).

Todos
La posesión, la capacidad estratégica y la respuesta general para superar la adversidad fueron, frente a los tucumandos, las propiedaddes de un equipo que no altera su esencia. Sería soprendente por lo innecesario algún debate por la manera de jugar de Chacarita. Pero si esa posibilidad surgiera, comencemos reconociendo el territorio de la disputa conceptual: jugando en Primera División y discutiendo por qué no le ganamos a un equipo que protagonizó hasta hace días el torneos internacional más representativo del continente.

Daniel Mancini.

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