Concepto. Una idea simple para un camino complejo

Es un camino sinuoso para Chacarita la Superliga, aún detrás de actuaciones convincentes como la del viernes anterior frente a Godoy Cruz. Desde la idea de Coyette a ese formidable intermedio que significó el triunfo ante Lanús, arribando ahora a la primera puesta en escena de Sebastián Pena, es visible que cambió la línea de flotación del equipo, la cual se ha ubicado definitivamente en el centro del campo. Entonces, tras lo anunciado por el entrenador, Chacarita se contrajo en Mendoza en un espacio de 30/40 metros delante de su área, destinó una protección a lo ancho más relevante y desarrolló con cierto criterio un instinto de supervivencia que contó con esfuerzo colectivo, solidaridad y un uso saludable del balón para trepar al campo adversario.

Falta
El primer dato que arrojó el juego es que la mayoría de las oportunidades que tuvo Godoy Cruz nacieron tras irregularidades a la hora de retroceder. Veamos: un error puede surgir por imprecisiones, descuidos, falta de eficacia (explícita el viernes anterior), desatenciones y, también, por interpretaciones de concepto, las cuales suelen ser casi imperceptibles.
Una de las primeras exigencias que tiene la categoría para Chacarita es la obligación de realizar en un movimiento lo que en el Ascenso se ejecuta habitualmente en tres. Cuando esto no sucede, es más amable la reubicación del rival para defender y más incómodo el proceso para salir en ataque desde cualquier sector del terreno. Esto, que se advirtió en tramos neurálgicos del partido con los mendocinos, le dio paridad a un encuentro que Chacarita dominó (vuelve aquí a tomar protagonismo saber quién domina un encuentro, si el equipo que tiene la posesión o el que obliga al adversario a jugar en el espacio que más le conviene), sumando opciones de gol a través de Imbert, Matos y Coquito Rodríguez.

Vismara
El nuevo sistema de juego le ha dado preponderancia a Federico, al convertirlo en un carismático líder del centro del campo. Vismara comprende lo necesario para que Chacarita funcione a su alrededor, porque tiene poco la pelota pero la toca mucho (un paradigma del volante central prolífico) y guarda las virtudes del futbolista avezado que aprendió a economizar el esfuerzo, alcanzando el mismo rendimiento al resolver con pocos pasos su ubicación en cualquier sector donde se desarrolle la jugada. 
Pero Vismara necesitará la protección que tuvo durante la mayoría de la tarde de Mendoza para trascender: espacios breves para desplazarse al estar protegido por detrás por su escolta (Mellado) y por sus escuderos (Re, Rosso) y, por delante, por receptores tan inquietos como libres para recibir el primer pase del ataque (Coquito, Imbert, Juani Álvarez, Gagliardi, Ontivero cuando le toque, etc). Es verdad que lateraliza con frecuencia, pero esto tiene una interpretación confiable, ya que Federico trae incorporado por formación y gusto personal la necesidad de reposo del equipo y lo busca en los costados, sabiendo que la pelota se usa para atacar o para evitar que lo haga el rival.

Rosso
Se ha transformado en el mejor jugador de Chacarita, al margen de ser su goleador. Rosso es un líder distinto, porque su valor se vincula primero con lo emocional y luego se transforma en futbolístico. Por eso, su rendimiento se multiplicó cuando comenzó a acechar la presión para ascender y se sostiene ahora, en plena Superliga, con dos agregados sorprendentes: el primero de ellos es que cruza a contrapierna (hecho complejo para un central zurdo) detrás de Re o de Petryk con la misma eficacia que lo hace cuando juega de frente a los puntas rivales y el segundo consiste en su carácter de tiempista, que se confirma en su intuición para evitar goles sobre la línea de sentencia (quizá sea este atributo una consecuencia de su estupenda comprensión del juego). Es un caso de evolución originada por su competitividad y su concentración y un ejemplo feliz de lo que necesitamos para sostener la categoría.

Daniel Mancini.

Imagen.
Gentileza Prensa Oficial de Godoy Cruz.

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