EL VALOR DE LO CORRECTO (concepto)

No hay consecuencias más saludables que las surgidas por haber hecho lo correcto. Ayer, en la calidez de la tarde, Chacarita adaptó la idea a sus necesidades, ganó un partido necesario y tradujo en valor un axioma, pues no siempre la inteligencia significa tener sólo una alta vocación de servicio.
Ahora, ¿el éxito surgió del resultado o fue la proyección del método para lograrlo? Es curioso, Chacarita tiene por lo menos dos estructuras mediante las cuales sostiene su éxito deportivo. La primera, la defensiva, está basada en un sistema de protecciones, las mismas que comunican con fuidez a los centrales, al medio centro y a su arquero.

Uno
Las virtudes de Trípodi ha sido desarrolladas, pero, una vez más, se destacan por su peso anímico y emocional. Desde la comprensión de que el área es su cancha, hasta la concentración prusiana para seguir todo lo que pasa durante el juego, el arquero de Chacarita toma decisiones acertadas, maneja admirablemente a su defensa y hace lo que no se advierte: sale con frecuencia, basando en su tren inferior su formidable capacidad para achicar el arco en dos o tres pasos.
Esa economía de movimientos es la hija preferida de su intuición, junto al reconocimiento que tiene de su territorio y a su capacidad ganadora. Y todo esos atributos se visualizan, por ejemplo, cuando Trípodi le niega a los adversarios la posibilidad de que lo tomen caminando hacia adelante cuando achica y resuelve.

En relación a lo emocional, detrás del liderazgo que certifica la experiencia, Federico Rosso ocupa un lugar sobresaliente. Hay que decirlo: es el jugador que más creció en medio de la adversidad. Guarda detalles técnicos por demás trascendentes: cruza a contrapierna con solvencia la espalda de compañero de zaga, aun siendo un zurdo cerrado, y conoce con la precisión de un relojero el mecanismo del achique hacia adelante para dejar al rival fuera de juego, en tanto tiene un criterio suficiente del tiempo defensivo (es este un dato decisivo de su rendimiento actual).
Son ciertos algunos desbordes y su predisposición al juego físico, pero Federico es, por lo pronto, más importante de lo que se observa y es donde se apoya el buen momento de Lazarte cuando parte en la aventura del ataque.

Ahora, el 5
En defensa, es claro que hay poco para reprochar. Conceder un par de ocasiones por partidos ante rivales medianos, pero competitivos está dentro de lo posible para un equipo que necesita de su última línea para sostener después las zonas más templadas de su juego. En tanto, Mellado parece gozar de protecciones hacia atrás como nunca las tuvo en el torneo. Esto trae algunas conclusiones: reducidas las posibilidades de retroceder en medio de urgencias hostiles, Miguel ahora mira hacia adelante custodiado por un cuerpo de centrales confiables y dos de sus escoltas preferidos (Módula-Oroz).
De su sociedad con el 10, nace la segunda estructura que tiene Chacarita, Por cierto, los dos comparten el gusto por la pelota, el talento por momentos desmesurado para jugar, el detalle certero que transmite la estética aplicada a la eficacia y, también, parte de aquello que aún les falta y que los completará para transformarlos en cracks.
Por ejemplo, asimilar que es la pausa la que divide la velocidad del vértigo. En Mellado, en Nicolás y en los laterales (Nahuel y Copito Lazarte), los internos y luego todo el equipo deben encontrar espacios de reposo. Así, lo que parece frenético se transformará en dinámico y solvente, sabiendo que de Miguel y de Oroz también depende un brazo que tiene dos aspas: una es la conducción del mecanismo elaborado por Coyette para jugar (sólo el tiempo nos dará a los hinchas la posibilidad de comprender los logros de este Cuerpo Técnico en relación al trabajo y, luego al otorgamiento de libertades para los futbolistas en el campo), es decir lo ensayado, en tanto la otra referencia parte del formidable encanto del engaño, usado dentro de todos los medios que el fútbol autoriza.

Salinas
¿Cómo se traduce el engaño aplicado al juego? Acelerar y frenar, amagar pidiendo el balón al pie, pero buscarlo en el espacio vacío, quitarle un tiempo a la circulación de la pelota, evitando jugar a más de un toque en zonas de alto tránsito y decidir con éxito cuándo lateralizar, simplificar o acelerar la jugada del ataque.
Pues bien, cuando Nicolás y Miguel miran hacia el horizonte, aparece como un coloso Rodrigo Salinas. Seamos rápidamente precisos: Re y Salinas tienen una capacidad sorprendente para entender el juego y una contemplación de la solidaridad que es tan importante que de ella parte ese remanido y seductor espíritu de cuerpo de este equipo.
Vemos a Salinas como el estupendo goleador que es, pero es la euforia la que nos hace perder la percepción de su capacidad para recuperar la pelota y defender en el juego aéreo. Sería interesante, acaso, dividir por líneas al equipo, para conocer los porcentajes que cada una de ellas alcanza al recuperar el balón. Nos sorprendería la incidencia de los atacantes de Chacarita en ese análisis y, en especial, la de Rodrigo. Entonces, podríamos evitar intuir y pasar a entender: Salinas, atacando y defendiendo, ha conformado lo necesario para convertirse en un gran jugador.

Por último, es verdad que la fuerza del resultado disminuye el sentido del riesgo y le da participación al retroceso masivo para proteger lo que se ha logrado. Es casi un instinto de supervivencia. Pero para Chacarita no existe nada tan ventajoso como la mantención de su idea de juego como una bandera y su futura adaptación a las necesidades de la realidad.
Quizá por interpretar y comprender la realidad como nunca, ganó con la autoridad que lo hizo ayer.

Daniel Mancini.

Imágenes.
Matías Princ.

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