El valor del otro, Diego…

Ya no recuerdo cuando fue la última vez que el fútbol se pareció a la vida, aunque son tan semejantes que, en situaciones, perturban. Pero sí pude advertir lo que sucedió hace algunos días, al llevarse a cabo un pequeño acto mundano que consisitió en la foto institucional del plantel para esta temporada. En el vestuario visitante, fueron desfilando los jugadores y último, apenas sonriendo, llegó y posó Diego. Último, porque cederle el lugar al otro y cerrar la fila es una señal de validación para el compañero, de cuidado, indispensable y paternal. Acaso, una conducta referencial de un líder portentoso, pero de carne y hueso. Luego, Rivero, con 20 años de caminos, dobló cada prenda y la entregó en la utilería, cerrando el manual de procedimiento que está escrito con tinta abstracta en el corazón de los tipos hechos con la mejor madera, incluso la más noble.

El fútbol
Después, tan sólo después, llega lo otro, el jugador, el fútbol. Ahí, Diego es un ejemplo de evolución. Aquel chico que debutó en Primera con una ansiedad algo incómoda creía que la dinámica del juego se imponía a través del físico, en la ponderable virtud de su tren inferior y en su generosidad. Luego, cuando en fila Chiche Sosa, Pastoriza y ahora el Flaco Vivaldo, lo promovieron como primer volante interno, él demostró que, en realidad, la dinámica es la consecuencia de la circulación del balón. Del cuerpo a la pelota fue su crecimiento y hoy es tan inteligente que los mejores momentos de Chacarita suceden cuando él obliga al equipo a jugar a lo que puede, de acuerdo a sus recursos, en el lugar del campo que más le conviene.

Vos...
Es remanido y aún vano hablar de referentes. Pero también en la vida las repeticiones suelen suceder porque los hechos son los mismos. Por ejemplo, nosotros, los hinchas de Chacarita, sabemos que hay dos tipo de paradigmas: están aquellos a los que admiramos y a los cuales, sin vanidad por medio, nos gustaría parecernos y, por otro lado, están los que nos representan. Estos, por los que vamos a sentir con la intensidad que sólo se manifiesta en el sufrimiento más delicioso y arbitrario, son una réplica asombrosa de nuestra vida, de nuestras vivencias, quizá hasta de nuestras miserias.
"Porque es fútbol y es humano" escribió el formidable Ariel Scher para disculpar algunas situaciones incomprensibles que el fútbol genera en la sociedad. Entonces a nosotros, los hinchas de Chacarita, por lo que dice Scher, por esa inquietud permanente por el otro, por la periferia de la calle que le surge aún de sus ojos, por sus calidades de tipo (aunque para el exterior quiera, de a ratos, parecer algo indócil) y por su paso corto, acelerado y dembulante que nos ha marcado desde el campo de juego, decimos que, para siempre, nos representa Diego Alejandro Rivero.
¡Salud, Burro. Sólo faltan 2o años más!

Daniel Mancini.

Imagen.
Matías Princ.

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