MANOLO NO TE VAYAS, VENÍ…

1.
Corrían los años 90 y cada vez que salía el equipo del Viejo Guerra al verde césped, sonaba primero el: “qué de la mano del Viejo Guerra, todos la vuelta vamos a dar”. Después era el turno del 9 goleador y su ”olé, olé, olé, Gato, Gato…” o el “aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, los goles del Gatito que ya van a venir”. Y entonces, llegaba el momento del mimo al Uno. Y de las tribunas, bajaba el “Manoolo, Manoolo” para que el petiso gigante saludara agradecido al público más respetable de todos. Murió Manuel Arrabal. Que será siempre “Manolo” para el Pueblo Funebrero. Tenía 50 años y una enfermedad a la que no pudo atajar más. Murió Manolo, señores. Pequeño gran arquero que defendió la gloriosa tricolor entre 1993 y 1996. Partícipe fundamental del equipo más piola y con más mística dentro de la cancha y también en los tablones.

2.
Quizá, porque aquel equipo del Viejo Guerra y del Gato Leeb fue el primero que anduvo bien en un club que venía de soportar más de diez años sin alegrías (la última había sido el ascenso a la A en el ´83, también con el Viejo en el banco). Quizá, porque a los 20 años (yo los tenía cuando Manolo llegó al club) todo nos pega y nos marca más. Quizá, porque todo era una fiesta en aquellos años de tanta pertenencia: ellos en la cancha y la Famosa Banda en los tablones.

3.
Cuestión que Manolo fue uno de mis únicos y primeros héroes en este lío que significa ser de Chaca. En los tres años en los cuales nos representó, consiguió un ascenso y logró mantener la categoría las dos temporadas siguientes, ya en la BN. Después seguiría su carrera en otros clubes del ascenso, como en el que lo vio debutar: Argentino de Rosario, el Salaíto, el vecino pobre y diminuto del Gigante de Arroyito.
Equipo con el que, recuerdo, siempre se lució enfrentando a Chaca. El Petiso “se mostraba” cuando jugaba contra Chacarita. Lo enloquecía la idea de pegar el salto al Funebrero. Y, cuando se le dio, le ganó el puesto a un tal Biggeri, que había arrancado la temporada como titular. Lemme era el DT, por entonces. Luego volvería Don Manuel…

4.
Recuerdo uno de sus primeros partidos: un 0-3 en Gerli, contra El Porve. Y escribo recordado porque a los 10 mil enfermos que copamos casi toda esa cancha aquella tarde de sol de 1993, no nos importó ni la dura derrota ni venir de las frustraciones de unos meses antes con la doble chance de ascender, dilapidada a manos de All Boys, primero, y del lobo jujeño después.

5.
No señores, no existieron reclamos de nuestra parte. Amor puro y aguante. Por eso ninguno de los que estuvimos esa tarde, nos olvidamos. Ni siquiera los jugadores. Mucho menos Manolo, que había sido culpable en dos de los tres goles y siempre recordó con gratitud el segundeo del Pueblo Funebrero en aquella mala. Él recién llegaba y nosotros ya lo abrazábamos. Y ese segundeo se vería recompensado con el inolvidable campeonato del 94.
Murió Manuel Ricardo Arrabal, señores. Todo un palo, ya lo ves. A tu salud, vaya un chorrito del mejor vino con destino a la tierra, Manolo. Y el agradecimiento eterno por defender de manera tan piola a la camiseta más linda de todas.


Hernán Alvaredo.

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